Apenas unos cuarenta kilómetros más de autopista y llegamos a Bayonne, una pequeña ciudad marcada por el paso de dos ríos perpendiculares entre sí: el Adour (el más grande que se abre directamente al mar Cantábrico) y el pequeño Nive (que divide la ciudad en dos partes de Norte a Sur: al Oeste la Grande Bayonne, al Este la Petite Bayonne)
Bayonne es un laberinto de ríos y puentes, ahora atraviesas el Adour y cuando te das cuenta vuelves a tener agua bajo tus pies. Ambas mitades de la ciudad, a uno y otro lado del Nive parecen competir con el típico "culo veo culo quiero": si la hermana grande tiene el Chateaux Vieux -castillo viejo- la pequeña se construye su Chateau Neuf -castillo nuevo-. Si la peque de la casa tiene la Porte de Mousserolles, la mayor, que no va a ser menos, le pone una puerta al país vecino para él solito (La Porte d'Espagne). La orilla oeste tiene la Catedral de Ste.-Marie, construida entre los siglos XIII y XVI; la orilla este "solo" cuenta con la Iglesia de St.-André , así que para compensar abre el Museo Bonnat, en honor al pintor local León Bonnat, y para darle importancia expone en él bocetos de Rubens, Murillo, El Greco...
Dejamos atrás tanta lucha fratricida y seguimos hacia el Norte, hacia la capital de los vinos franceses (y, en cuanto a precios al menos, del Mundo): Bordeaux.
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