domingo, 28 de febrero de 2010

Caprichos y Bilbao Guggenheim



Luego de una ventosa noche en Los Trastolillos una casa rural donde pasamos la noche a 3 km de Comillas y un majestuoso desayuno (que incluía sobados, jugo de naranja, licuado de plátano, cafá con leche y tostadas) salimos -esta vez madrgadores- a pasear por las cercanias.
Caminamos por el Palacio de Sobrellano también conocido como Palacio del Marqués de Comillas, un espectacular edificio de 1888 encargado por el marqués a modo de palacio de cuento de hadas con una original fachada con galerias abiertas.


El día super lindo, un sol tremendo y subimos las laderas desde donde se podía apreciar en frente la Universidad Pontificia, edificio también encargado por el Marqués.


Al lado del palacio había una iglesia muy simpática y a continuación "El capricho"; un proyecto del joven Gaudí que aun no había desarrollado su estilo arquitectónico. Tiene influencia árabe y una torre bastante alta muy particular de nuestro adorado arquitecto.


Llegando el mediodia nos fuimos a visitar la playa del pueblo que tenía una vista muy linda y además el sol que estuvo adelantándonos la primavera que se viene.


Pasamos en auto por el antiguo pueblo de comillas y prometimos volver a regreso de París a comprar algunas de sus delicias autóctonas.

Después de bañar al Mini en una estación de servicio salimos para Bilbao, donde nos esperaba ese gran gran museo... el Guggenheim!. Antes de llegar caminamos por las trdicionales "7 calles", que son el antiguo barrio rodeado por el rio, que en su centro alberga la catedral de Santiago.
Y tomamos el moderno tranvía que tras 4 estaciones nos dejó en las cercanías del museo.
Woow... que buen edificio!! muy pero muy grande, y de curvas metálicas que parecían ondular.

Puppy, un bonito cachorro de Terrier de 12 metros de alto nos esperaba en el frente recubierto de sus flores invernales. Esta escultura cambia su pelaje 2 veces al año.


Antes de seguir: un cafecito y unos bizcochitos de chocolate en la cafetería y a recorrer la tiendita de souveniers.
Ahora sí, seguimos bordeando el lado que da al rio y llegamos hasta "Mamá", otra escultura de 10 metros de altura que no es más que una araña. ¿Porqué este insecto con ese nombre? porque la autora -Louise Bourgeois, parisina- quizo remarcar como la misma seda que el arácnido prepara para resguardar a sus hijitos es también con la que atrapa y devora a sus presas...



Y ahora... salimos a Francia; nos espera Bayonne.

sábado, 27 de febrero de 2010

Cimadevilla: el Gijón de siempre

Primera escala de las (por lo menos) diecisiete que nos esperan en nuestro periplo: Gijón, "capital" costera del Principado de Asturias.
Dejamos atrás las avenidas de la zona nueva de la ciudad hasta llegar al puerto deportivo, y a sus pies la entrada al barrio de Cimadevilla, testigo del paso de la Historia por la ciudad, desde que ésta fuese fundada por los romanos.
Partimos de la Plaza del Marqués, presidida por la estatua de Don Pelayo, primer rey de la monarquía asturiana. En un lateral están la colegiata y el Palacio de Revillagigedo, que parece un castillo medieval con sus torres con almenas.



Pegadito al Palacio encontramos un restaurante, miramos la carta en la puerta y... nos vamos a buscar otro, nuestro presupuesto no da para comidas en palacio...
Segunda opción (y "a posteriori" nada mala): "Sidrería Plaza Mayor". Menú: lacón con cachelos (pata de cerdo con patatas cocidas aderezado con aceite de oliva y pimentón - esa forma de condimentar se llama también "a la gallega" y es típica del pulpo-), croquetas caseras y.... fabada!!!! (plato asturiano por excelencia: potaje de "fabes" o "porotos enormes" con chorizo, panceta y morcilla) Para beber probamos la típica sidra, un sorbito nada más, que hay que subirse al MiNi y Xynthia amenaza.



Para bajar la comida callejeamos hasta el monte que da nombre al barrio, donde se levanta el enorme "Elogio del Horizonte" (también conocido por los autóctonos" como "W.C. de King Kong"), obra del artista vasco Eduardo Chillida. Vistas espectaculares de la Bahía y la playa de San Lorenzo (dale cuervoooooooo!!!!)
De camino hemos pasado por la plaza de Arturo Arias con sus arbolitos y el edificio de la tabacalera (fumar malo! caca!) que era hasta 1842 un convento de monjas Agustinas Recoletas. La plazuela y la casa museo de Jovellanos: escritor, jurista y político ilustrado nacido en Gijón en el siglo XVIII.
Salimos de Cimadevilla bajando por el (animado gracias al partido Sporting-Osasuna de mañana) Tránsito de las Ballenas (espero que eso no fuese una indirecta post-fabada...), y nos despedimos de Don Pelayo hasta la próxima vez.


Gijón: lindo, soleado (20ºC pese a todas las ciclogénesis explosivas!), buena comida y paseos para recordar.

*Nota de LA autorA: esto lo escribí yo!! para negociar los derechos de autor (A) dirijánse a Dña. Busanana